RUTA EN CANOA POR EL RIO POLEA

Una propuesta diferente para silleros atrevidos.

Final del verano, principio de otoño, las márgenes del río Navia y sus afluentes, son una fuente de gran diversidad de especies vegetales y animales. Antaño se utilizaba para bajar la madera procedente de estos montes hasta la localidad de Navia, pero con la construcción de varias presas para regular su caudal, estas actividades u otras, como el desove de salmones han dejado de existir, modificando completamente las circunstancias iniciales de la zona.

La aventura la vamos a realizar en una de estas presas, embalse de Arbón, junto a uno de los afluentes del Navia, el río Polea.

Para ello, con quién mejor que con Kaly Aventura, que lleva años trabajando el turismo de aventura en la zona. Y ahora, con su gran voluntad y coraje, el turismo accesible para todos.


Juan Carlos Menéndez, Kaly para los amigos, gestiona también un albergue en Serandinas (Boal), que aunque no está adaptado, mediante rampas portátiles ha intentado accesibilizarlo lo más posible. De todas formas, también existe una casa rural adaptada en las cercanías, que la recomienda Kaly, que dispone de un apartamento adaptado para personas con discapacidad (Casa Rural del Abuelo Justo).

 

El acceso al río lo hacemos en Serandinas, a dos canoas unidas con forma de catamarán (para que tengan estabilidad y no se pueda dar la vuelta) y con una gran base de apoyo, donde entramos con nuestra propia silla. En cada canoa doble, podemos ir hasta 4 sillas de ruedas y 6 personas en total. También lo pueden utilizar padres con carritos con niños pequeños y personas mayores, porque es muy estable.

Para bajar a las canoas, desde donde nos deja el vehículo adaptado que llevamos, hay que bajar por un camino hormigonado con mucha pendiente, donde necesitas ayuda de tercera persona para acercarte hasta el embarcadero. Desde aquí hasta la canoa, es la zona de los atrevidos, ya que te bajan desde el apeadero hasta la canoa de forma manual entre varias personas y con paradas intermedias. Lo hacen muy bien, pero la accesibilidad es muy rudimentaria, teniendo que fiarte de la capacidad física de Kaly y sus ayudantes (Patricia Suárez y Cristina Ledesma). Éramos tres silleros  como tres mallos (Nacho, Aladino y yo) y a los tres nos colocaron perfectamente en las canoas.

Cierto es, que Kaly tomó nota de todo y mostró su intención de colocar una grúa para próximas ocasiones. Y con lo que es Kaly, un asturiano bonachón, de muy buen corazón y con una iniciativa que mueve montañas, seguro que para la próxima vez que le veamos lo ha solucionado seguro.

Una vez en las canoas, ¡a remar y disfrutar del paseo!

El paseo es muy cómodo, las aguas muy tranquilas, las vistas inmejorables y la tranquilidad que se respira parece salida de un libro de cuentos. Sólo se ve interrumpida por las explicaciones que Kaly nos ofrece de la flora, fauna y tradiciones de la zona.

¡Un paseo inolvidable! Si eres atrevido, merece la pena disfrutar y conocer la zona, es de las más desconocidas de Asturias, pero de las más bonitas sin duda.

Después de dos horas navegando, volvimos a la zona donde estaban los vehículos, e hicimos la misma operación de la entrada pero al contrario.

Con pena de dejar a Kaly, Patricia y Cristina, amigos entrañables donde los haya, pero con el hambre que genera un mañana llena de emociones, bajamos a Navia, al Restaurante Blanco, donde dimos cuenta de un menú que estaba para chuparse los dedos. Por cierto, también aprovechamos su baño adaptado, que con tanta agua, ya se sabe…

Escrito por Kity.

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