Silleando por Laguardia

El pasado fin de semana, nuestro amigo y colaborador en Silleros Viajeros, Toni Martín ha venido desde Sevilla a pasar unos días por tierras riojanas. Como yo soy de La Rioja aprovechamos la ocasión para vernos y pasar un rato la mar de a gustito…


Toni ya conoce Logroño, casi casi como la palma de su mano, porque la ha visitado varias veces, así que optamos por  visitar un pueblecito cercano llamado Laguardia. Es un lugar muy especial y con muchísimo tirón turístico.

Laguardia es una ciudad amurallada muy cómoda para visitar con silla de ruedas.

El pueblo está en lo alto de una cima y es una antigua ciudad amurallada donde se ha mantenido el patrimonio de un modo excepcional.

Dejamos el coche junto a una de las entradas a la fortaleza, en una plaza de aparcamiento reservada para personas con discapacidad y desde allí nos adentramos en la fortaleza de Laguardia.

Con el calor que ha hecho estos días, se agradecía entrar en el interior de la muralla porque las calles son estrechas y las casas de piedra así que la temperatura bajó considerablemente y se estaba mucho más fresquito.

Pintxos y buen vino, la mejor combinación

Dimos una vuelta por el pueblo con nuestras sillas. Tengo que hacer especial hincapié en que aunque es un pueblo medieval, el suelo es liso y se rueda de lujo. Este es otro de los sitios en los que se ve que lugares antiquísimos también pueden ser accesibles para todos si se quiere.  Hicimos varias paraditas para comer unos “pintxos”, lo que por el sur se conoce como tapas, y tomarnos unos buenos vinos de Rioja.

¡Cómo no hacerlo en esta tierra de vino!

Bordeando la muralla hay un sendero accesible entre una arboleda que rodea todo el pueblo y desde donde se ve el mar de viñas que caracteriza a esta zona, con Sierra Cantabria de fondo. Este paseo es genial para silleros porque prácticamente no tiene pendiente y el suelo es liso.

No nos dio tiempo de hacer ninguna visita a bodegas, que hay muchísimas, o de darnos un homenaje en el Spa Wine & Oil Villa de Laguardia, que además está adaptado. Todo esto lo dejamos pendiente para una próxima escapada porque lo cierto es que Laguardia da muchísimo de sí y es un sitio que siempre recomiendo a quienes pasen unos días por La Rioja.

La senda de los elefantes. Curioso y acertado nombre

De allí, volvimos a Logroño y nos fuimos la más que famosa “Calle Laurel”. Aquí se la conoce como la “Senda de los elefantes” ¿Por qué? Pues muy sencillo, porque hay infinidad de bares, uno seguido detrás del otro y si en todos entras y tomas un vino terminas con una trompa de cuidado. Nosotros nos tomamos alguno pero extremamos la prudencia porque como decía Steve Wonder “Si bebes no conduzcas” y nosotros vamos siempre sobre nuestros bólidos…

Bueno, bromas a parte. La verdad es que pasamos una tarde genial y confío en que se repita muy pronto.

Un abrazo rodante:))

Escrito por Kity
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