En mayo de 2019 mi chico y yo nos casamos, y creíamos que la mejor celebración posible era un buen viaje. Nos pusimos manos a la obra (con ayuda de nuestra agencia de viajes de confianza) y lo encontramos: un crucero por los fiordos noruegos del 26 de mayo al 4 de junio.

Yo era un poco reticente por el viaje en avión por la silla, pero al final me convencí de que merecería la pena. Elegimos Costa Cruceros porque, teniendo en cuenta que todos los cruceros para esas fechas eran similares, con ellos el acompañante de la persona con discapacidad tiene el alojamiento gratis.
Así que el 26 de mayo comenzó nuestra aventura con un Cabify adaptado al aeropuerto de Madrid Barajas.

Volábamos con Air Europa y el check-in fue rápido. Sin embargo, la mujer del puesto no tenía ni idea de qué hacer con la silla al no facturarse, pero al final pidiendo ayuda consiguió poner todos los datos y la etiqueta de entregar en la puerta del avión. Supuestamente teníamos que subir los primeros al avión, pero tras abrir la puerta de embarque y que fuera subiendo todo el mundo, ya vino el personal de ayuda a por nosotros y nos montaron en una especie de mini bus para ir hasta el avión, que ahí se elevaba tipo ascensor hasta la puerta. Luego me montaron en la típica silla estrechita para caber entre los asientos del avión, pero fue una pequeña odisea porque ¡sorpresa! el reposabrazos del asiento no se levantaba, había que levantarme por encima. Además, al no doblar mucho las piernas, tuve que ir con una por fuera del pasillo, por lo que muy cómoda no iba, la verdad… y ya montados y agotados, por fin conseguimos despegar.
El camino no fue mal, entre echar una cabezadita y pensar cómo iban a sacarme del asiento. En un par de horas llegamos a Ámsterdam y, tras otra pequeña odisea, logré salir del asiento.
Salimos del avión y ahí estaba mi silla, milagrosamente intacta, y el personal de ayuda nos acompañó por todo el aeropuerto hasta llegar a por nuestras maletas y hasta el exterior, donde nos esperaba personal de Costa Cruceros para enlazar con el transporte adaptado,y por fin llegamos al puerto de Ijmuiden.
Tras la odisea del avión todo fue muchísimo mejor. Durante el check-in y el embarque todo fue sin problema. Dentro del barco no había ningún problema de accesibilidad, y el camarote me pareció estupendamente adaptado. Todo bastante ancho para la silla y el baño con ducha de obra, todo genial.

Camarote
Camarote

En los restaurantes siempre había mesas reservadas para personas en silla de ruedas, pero casi siempre ocupadas, con lo cual siempre había que invertir un ratillo para encontrar sitio. Como cosas genéricas del barco poco más a destacar, no probé ninguna de las cientos actividades que ofrecen de spa y demás, aunque no creo que fueran muy accesibles. Solo fuimos un par de veces el teatro, y la vista desde el sitio habilitado para silla de ruedas arriba no era muy buena, aunque si te ibas abajo veías genial. El único gran problema a destacar era que ni las piscinas ni jacuzzis eran accesibles, cosa que no me importó porque en Noruega no hacía calor precisamente, pero en otra época del año y otro sitio sí que me hubiera dado más rabia.

Teatro
Teatro

La ruta del crucero fue Ijmuiden (Ámsterdam), Haugesund, Geiranger, Andalsnes, Flam, Stavanger, Bremerhaven y de nuevo Ámsterdam.
La compañía nos ofrecía alguna excursión adaptada, pero por 1000€ por persona la más barata, así que lo dejamos. Eso sí, nos dijeron que podríamos bajar en todas las paradas, así que decidimos organizarnos y buscar alguna excursión por nuestra cuenta.
Haugesund no era una ciudad con gran cosa y estaba al lado del puerto, así que decidimos solo bajarnos y dar una vuelta, y nos gustó bastante la verdad.

Vista de Haugesund
Vista de Haugesund

La siguiente parada fue Geiranger, un pueblo muy chiquitito pero precioso en uno de los fiordos más profundos de Noruega. Allí habíamos conseguido contactar con una compañía de taxis local con uno adaptado y que nos ofrecían un tour por la zona a bastante buen precio, así que al bajar del barco allí nos esperaba nuestro guía, un hombre búlgaro majísimo que además había vivido en Alicante un par de años, así que congeniamos perfectamente.

Subiendo al taxi adaptado
Subiendo al taxi adaptado

El problema en esta parada fue bajar del barco: al ser un sitio tan estrecho y poco profundo, el barco no puede acercarse a la tierra y tienen que llevar a la gente en pequeños barcos auxiliares. El problema era bajar… había que bajar como 15 escalones, pero la tripulación en todo momento muy dispuesta, me bajaron cogiéndome entre 5 o 6 muchachos y quitando la batería de la silla para aligerar peso. La verdad que creo que pocas veces en mi vida he pasado tanto miedo, pero de verdad que mereció la pena la ruta que luego pudimos hacer y todo lo que pudimos ver. Visitamos varios miradores para ver el fiordo desde lo alto y todas las cascadas, subimos a la montaña más alta y vimos el lago helado… todo increíble. La vuelta al barco fue igual de difícil, pero volvería a repetirlo con los ojos cerrados.

Mirador de las Águilas
Mirador de las Águilas
Monte Dalsnibba
Monte Dalsnibba

La siguiente parada, Andalsnes, fue la más amarga, ya que en esta ocasión no pudimos bajar del barco. Se hubiera podido bajar por el puente 0, pero estaban cargando mercancías y no quisieron abrir por seguridad. Reclamamos y vinieron altos cargos a disculparse, pero tuvimos que conformarnos con ver la ciudad desde el barco, menos mal que no habíamos contratado ninguna excursión.

Andalsnes desde el barco
Andalsnes desde el barco

Después, en Flam también vivimos una preciosa experiencia. Nuestra intención era coger un tren cremallera adaptado que te subía a lo más alto, pero no había entradas cuando fuimos a cogerlo, así que encontramos un pequeño barco eléctrico que hacía un recorrido por todo el fiordo hasta otro pueblecito. En esta ocasión todo estuvo super bien adaptado y accesible, así que fue un día genial.

Barco eléctrico del crucero por el fiordo Nærøyfjord
Barco eléctrico del crucero por el fiordo Nærøyfjord
Barco
Barco
Disfrutando del paseo
Disfrutando del paseo

La última parada de Noruega fue en Stavanger, la tercera ciudad más grande del país. Allí no conseguimos concertar ninguna excursión, pese a que había cosas chulas para ver, así que también decidimos bajar y dar un paseo ya que también el puerto estaba en plena ciudad. Es una típica ciudad noruega muy bonita que merece la pena visitar, y que tiene bastante buena accesibilidad, quitando los típicos problemas que te puedes encontrar de algún bordillo, adoquines, o algo así.

Exterior de la catedral de Stavanger
Exterior de la catedral de Stavanger

La siguiente parada en Bremerhaven, ya en Alemania, era más bien técnica, ya que allí cambiaban muchos viajeros. Bajamos del barco pero el puerto estaba en una zona industrial, así que poco pudimos hacer.
Ya la vuelta a Ámsterdam fue muy tranquila y sin ningún incidente, y al bajar del barco nos esperaba otro taxi adaptado para llevarnos al aeropuerto.
La vuelta fue con la misma compañía aérea aunque fue más fácil. Aunque también nos subieron los últimos por estar repostando, al ser un avión más pequeño no hubo que recorrer tanto pasillo y fue más fácil. Además en esta ocasión el reposabrazos sí se elevaba, así que todo fue bastante mejor.
Y a la llegada a Madrid todo genial también, después de bajar todo el mundo vino el servicio de ayuda a por mí y me volvieron a bajar en la silla estrechita para llegar a la furgoneta elevable y ya dejarme en mi silla, de nuevo intacta.

Ya en rasgos generales puedo decir que fue un viaje increíble. Teníamos mucho miedo porque además era la primera vez que salíamos de España y encima en avión sabiendo lo complicado que es, y aunque lo fue, tanto Javi como yo creemos que mereció la pena tanto esfuerzo.
Sí que es verdad que sobre todo para el avión me facilitó mucho el poderme poner de pie con mis aparatos (bitutores), pero también es de valorar que todo el personal, tanto en el aeropuerto como en el puerto, en el barco, y en las ciudades donde bajamos, fue super atento y nos ayudó en todo momento.
Así que solo puedo decirte que pierdas el miedo como hicimos nosotros y te lances a la aventura, que de verdad merecerá la pena.

¡Ya estamos deseando repetir!

Post escrito por Laura Sánchez 

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