Estoy acostumbrada a viajar por medio mundo y, desde hace unos años, lo hago en silla de ruedas, pero la experiencia en Jerusalén estas Navidades fue mágica como pocos viajes recuerdo y más que recomendable.

Jerusalén está bien adaptado y sus ciudadanos, muy sensibilizados con la discapacidad. A ello, hay que sumarle que es un lugar que vive del turismo y, por tanto, volcado en los turistas. Conmigo se esforzaron al máximo por darme facilidades e intentar ayudar, desde la llegada aeropuerto hasta el personal del hotel, los monumentos, etc… pasando por cualquier persona que te cruzabas por la calle.

Plano que muestra los itinerarios accesibles del casco histórico de Jerusalén
Plano que muestra los itinerarios accesibles del casco histórico de Jerusalén

Nosotros fuimos solos, sin grupo organizado ni paquete vacacional pues nos gusta viajar por nuestra cuenta y a nuestro aire, solo teníamos contratado un transfer desde el aeropuerto por miedo que, al llegar allí en Sabbath, no encontrásemos taxi ni medio de transporte adaptado hasta el hotel. Moverse solo por Jerusalén es tan fácil y seguro como por cualquier ciudad española.

Al llegar al aeropuerto me subieron la silla al finger y, como en España, nos acompañó un señor que nos facilitó recogida de maletas, trámites de aduana, etc. Los aeropuertos israelíes tienen fama de ser de los más estrictos en medidas de seguridad del mundo, sin embargo, a con nosotros fue un trámite como en cualquier otro aeropuerto y no tuve problemas con la silla (que tengo para escribir un libro).

Nos quedamos en el Hotel Crowne Plaza Jerusalén. El hotel es correcto, está adaptado, el personal es amable y me facilitó la estancia todo lo posible. La única pega es que está bastante lejos de la zona monumental, por lo que me harté de coger taxis pues tampoco tiene transporte público cercano que te lleve a la zona monumental.

Visitar Jerusalén en silla de ruedas es perfectamente posible y la amabilidad de su gente suple las carencias de accesibilidad que tiene en el casco histórico. Fuera del casco histórico es una ciudad igual o quizás más accesible que cualquier ciudad europea. Merece la pena pasear por su zona moderna y mezclarse con su gente fuera de la zona antigua totalmente tomada por turistas.

El casco histórico de Jerusalén (la Ciudad Vieja) concentra los principales atractivos turísticos.  Tiene un premio por casco histórico accesible, y se ve que han hecho un esfuerzo brutal por adaptar todas las calles posibles, pero, me gustaría aclarar, que no es 100% accesible y, una vez allí, se entiende perfectamente porqué: Jerusalén está entre colinas, por lo que la muchas de sus calles tienen una inclinación muy muy pronunciada. Por ello, alguna de ellas es materialmente imposibles de convertir en accesibles y otras, aunque son teóricamente accesibles puesto que tienen rampas, estas rampas tienen una pendiente más que considerable (a modo de tobogán de un parque infantil) por lo que es a veces terriblemente complicado bajar por ellas. Además, hay que tener en cuenta que, como pasa en muchos cascos históricos, el empedrado del pavimento en algunas zonas (no en todas, solo algún barrio) tiene bastantes baches o desniveles entre las piedras, por lo que la silla se atasca. Yo fui con silla manual puesto que tengo un scooter de ruedas pequeñitas y, pese al gran esfuerzo de mi compi de viaje empujando colina arriba (a veces con esfuerzo brutal, pero siempre cualquiera que pasaba al lado colaboraba de buen agrado), me alegro pues creo que solo sillas eléctricas con grandes ruedas y mucha potencia podrían manejarse por allí.

En las oficinas de Información turística tienen planos accesibles de la Ciudad Vieja en la que te detalla claramente que calles son accesibles y cuáles no, algo que agradecí enormemente y que no había visto en ninguna otra ciudad monumental. Usé ese plano como referencia para desplazarme entre sus calles y nos facilitó la tarea evitando vueltas innecesarias (sin este plano hubiera dado millones de vueltas tontas para desplazarme) por lo que recomiendo conseguirlo nada más llegar allí (¡Ojo! Hay 2 o 3 calles pintadas como accesibles y que son las que tienen “rampa-tobogán”, hay que ponerle cordura antes de iniciar la subida o bajada por una calle tan empinada, que yo no sé la puse…necesité la colaboración de toda una excursión de franciscanos para salir de una calle sin caerme).

Todos los monumentos más emblemáticos son accesibles. El Muro de las Lamentaciones es totalmente accesible, merece mucho que la pena visitar. Es un ambiente indescriptible, merece la pena reservarle un buen rato.

Muro de las Lamentaciones visto desde la rampa de acceso al Domo
Muro de las Lamentaciones visto desde la rampa de acceso al Domo

El Santo Sepulcro también es accesible (un escalón de entrada, pero si necesitas, tienen una rampa de madera portátil) pero aquí, la zona del sepulcro en sí, no lo es, puesto que es tan estrecha que es imposible que quepa una silla (no sé si tendrá escalones, cuando vi las dimensiones, ni lo intenté). La vía dolorosa es parcialmente accesible: las primeras y últimas estaciones lo son, pero las dos o tres intermedias discurren por una calle escalonada por lo que no lo son. Aun así, merece la pena visitar las zonas accesibles.

El Domo de la Roca es también accesible y a mí, junto con el Muro, fueron las dos cosas que más me gustaron. El Domo tiene horarios muy restringidos con largas colas de horas, por lo que es difícil acceder, pero, para sorpresa mía, en silla de ruedas no hace falta esperar cola. Eso sí, explico cómo acceder porque yo estuve más de una hora para entender como entrar con silla. Si entras al Muro por el acceso más cercano a la Puerta Dung, además de la pequeña cola de acceso al Muro, pegando a la derecha hay otro control de seguridad diferente (y en horario de visita, una larga cola). Es al militar de seguridad de ese acceso al que hay que dirigirse. Ellos me acompañaron a un acceso adaptado que abren para ti exclusivamente. Una vez dentro, el Domo está perfectamente adaptado por lo que puedes disfrutar tanto de su entorno como de la impresionante mezquita de Al- Aqsa. Nosotros dedicamos todo el tiempo posible a pasear por sus jardines (que además son un remanso de paz en un lugar tan bullicioso), a contemplar impresionados el Domo y a disfrutar de sus vistas.

Domo de la Roca
Domo de la Roca

Visitamos un sinfín de cosas más, pues fuimos cinco días y tuvimos tiempo de sobra, pero, aparte de los lugares de mayor interés turístico, creo que lo más recomendable de Jerusalén (creo que, de casi todas las ciudades, pero en el casco antiguo de Jerusalén, especialmente) es perderse por sus calles, pasear con calma los cuatro barrios de la Ciudad Vieja, observar a sus gentes.

Es un viaje que creo que no puede dejar indiferente a nadie: cuna de las tres religiones monoteístas principales, convergiendo en algo más de un kilómetro cuadrado uno de los lugares más importantes de cada una de ellas (Domo/Muro/Sto. Sepulcro), con tanta historia a sus espaldas como mezcla de culturas, tan mágico como convulso…

¡hay que ir allí para vivirlo!

Post escrito por Cristina Cortés

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor, indica tu comentario
Por favor, indica aquí tu nombre

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.