Recientemente hemos tenido la oportunidad de participar en un Seminario sobre Turismo Inclusivo en Lisboa y Coímbra en el que numerosas empresas y entidades del país que han desarrollado proyectos turísticos en los que la inclusión ha sido un pilar fundamental. Nosotros participamos ofreciendo nuestra visión como viajeros con discapacidad y para contar qué vamos encontrando en los diferentes destinos nacionales e internacionales que vamos conociendo. Las jornadas eran desde la mañana hasta media tarde así que no nos quedó demasiado tiempo libre pero el que tuvimos lo aprovechamos bien de veras para conocer una pequeña parte de Lisboa.

Famosos motocarros de Lisboa. No son accesibles pero sí curiosos
Famosos motocarros de Lisboa. No son accesibles pero sí curiosos

De antemano os tenemos que decir que Lisboa no es la ciudad más cómoda para recorrer en silla de ruedas de todas las que hemos visitado pero también es cierto que nos la imaginábamos más complicada. En mi caso fui con la freewheel que me permite moverme cómodamente por suelos irregulares sin tener que preocuparme por si las ruedas pequeñas se clavan y doy la vuelta. Además, la meto en la maleta y no tengo problemas de baterías que sí hay con handbikes eléctricos, por ejemplo.

Como os digo, sólo tuvimos dos tardes para visitarla así que tuvimos que elegir bien qué ver y qué no y evidentemente, dejamos para otra ocasión el barrio alto porque nos iba a suponer mucho esfuerzo.

Estábamos alojados en el Hotel Vila Galé Ópera.

Habitación doble reservada para personas con discapacidad en Hotel Villa Galé Opera
Habitación doble reservada para personas con discapacidad en Hotel Villa Galé Opera
Inodoro con barras a ambos lados en la habitación reservada para PMR
Inodoro con barras a ambos lados en la habitación reservada para PMR
Ducha a cota cero con silla de ruedas de agua.
Ducha a cota cero con silla de ruedas de agua.

Está ubicado junto al famoso puente 25 de abril, pero para ir al centro andando hay una tiradilla así que fuimos en taxi. En poco más de 5 minutos estábamos en la plaza del Rossio, el centro neurálgico de Lisboa. De ella salen infinidad de callejuelas repletas de bares, tiendas, restaurantes y terrazas. En los aledaños encontramos varios mercadillos con productos locales que nos hicieron la boca agua. Embutidos, quesos, sangrías de diferentes tipos, artesanía local y todo ello aderezado con fados que nos llegaron al alma.

Mercadillos con productos locales
Mercadillos con productos locales
Embutidos a la plancha. Un lujo para el paladar
Embutidos a la plancha. Un lujo para el paladar

Fuimos paseando por sus animadas calles hasta llegar a la famosa Plaza del Comercio, a la que se accede por el Arco Triunfal de Rúa Augusta. Se puede acceder al interior del arco a través de rampa y después hay ascensor que lleva hasta una altura intermedia. El resto del itinerario hasta la parte más alta del arco es a través de escaleras. Pese a que había mucha gente arriba haciendo fotografías y disfrutando de las vistas panorámicas, nosotros no subimos porque íbamos justos de tiempo y no nos parecía justo pagar lo mismo que el resto para no disfrutar de lo mismo. De todos modos, cuando volvamos, si tenemos más tiempo, subiremos porque nos quedamos con las ganas.

Arco Triunfal
Arco Triunfal

Tras pasar el arco entramos en la Plaza del Comercio, probablemente la plaza más famosa de Lisboa. Es muy amplia tiene edificios porticados en tres de sus lados ya que el cuarto está abierto al estuario del Tajo. En los bajos de los edificios encontraréis bares, restaurantes, tiendas y algo que a nosotros nos llamó poderosamente la atención, unos baños públicos súper coloristas decorados con rollos de papel higiénico de colores de la marca Renova, que es portuguesa. Además, allí mismo podías comprar servilletas o rollos decorados de lo más originales. El caso es que además de vistosos, tienen una cabina adaptada y están súper limpios, ósea, una gran opción para silleros.

Aseo accesible con barras a ambos lados y espacio de transferencia
Aseo accesible con barras a ambos lados y espacio de transferencia

Desde allí fuimos paseando a orillas del Tajo hasta dar con unas antiguas naves industriales reconvertidas hoy a zona de ocio con una gran variedad de puestos como de mercado tradicional, y cada uno de ellos con una especialidad gastronómica. Estaba a reventar de gente y nos decantamos por un puesto de croquetas que las tenía de todos los sabores. Lo elegimos porque era el único con algo de sitio y 5 minutos después estaba con una fila alucinante.

Poco apoco fue cayendo la noche y regresamos al hotel.

Pasarela de madera que conecta el paseo con la Torre de Belén
Pasarela de madera que conecta el paseo con la Torre de Belén

A la tarde siguiente nos acercamos hasta el barrio de Belén y la primera parada fue en la archifamosa tienda/bar/degustación donde hacen los “pastelillos de Belén”. Increíble las filas que había pero lo cierto es que merece la pena esperar porque están de muerte recién hechos. Los habíamos probado en otros sitios pero ninguno tan buenos como estos, crujientes y sabrosos. Además el local tiene una de sus entradas a cota cero y todas las salas están comunicadas entre sí con itinerario accesible. Ahhh, y ¿Cómo no? ¡¡¡Tiene baño adaptado!!!!. Ya sabéis que  lo mío es obsesión por los aseos accesibles.

Estos son los famosísimos Pastelillos de Belén
Estos son los famosísimos Pastelillos de Belén

Al salir de allí nos acercamos a Los Jerónimos pero ya eran más de las 6 de la tarde y estaba cerrado el museo que es donde podemos solicitar las rampas para entrar al interior. De todos modos, nos comentaron que en este aspecto no suele ser muy sencillo que las “encuentren” rápido así que tampoco nos liamos demasiado. El edificio por fuera es espectacular y nos quedamos con ganas de visitar el Museo de Arqueología pero como os digo, tendrá que ser para la próxima.

Los Jerónimos, en el barrio de Belén.
Los Jerónimos, en el barrio de Belén.

Seguimos paseando con intención de llegar a la Torre de Belén y acercarnos al Monumento de los Descubrimientos pero el tren cruza por medio y aunque había un paso peatonal con plataforma elevadora a ambos lados de la vía, una funcionó pero la otra no así que pillamos un taxi y nos dejó en la misma Torre de Belén. Esta torre sirvió durante años para defender Lisboa aunque posteriormente se utilizó como faro y aduana. En la actualidad alberga una especie de museo pero sólo es accesible para silla de ruedas la planta baja ya que las otras 4 plantas están comunicadas por escaleras muy estrechas, en las que a menudo, hay que hacer cola para subir. La torre está metida en el agua y se accede a través de una pasarela de madera aunque antes de llegar a la pasarela hay que bajar por una rampa pronunciada y algo deslizante (al menos cuando estuvimos porque tenía arenilla de la playa).

Pasarela de madera que conecta el paseo con la Torre de Belén
Pasarela de madera que conecta el paseo con la Torre de Belén

Junto a la torre hay varias terrazas muy agradables y unos baños públicos con una cabina accesible. Los aseos públicos en Lisboa son de pago (0,50 €) pero en general están muy limpios.

Desde allí fuimos dando un agradable paseo hasta el Monumento de los Descubrimientos (de algo más de 50 metros de altura). Se construyó en 1960 para conmemorar el 500 aniversario de Enrique el Navegante, descubridor de Madeira, Las Azores y Cabo Verde. En su interior hay una zona donde los visitantes suben para avistar panorámicas de la ciudad. Aunque hay ascensor, en este caso no es posible llegar hasta él con silla de ruedas ya que hay varias escaleras en la entrada sin itinerario alternativo.

Estatua del Centenario
Monumento de los descubrimientos

En cualquier caso, si bien es cierto que no pudimos por unos u otros motivos, acceder al interior de estos edificios históricos, sí disfrutamos de ellos por el exterior y nos quedamos con ganas de más. Habrá que volver para verla con más tranquilidad y contaros con más detalle pero de antemano, espero que estos apuntes os sean útiles.

Escrito por Kity.

 

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