Si HABLO de La Rioja, la lengua se suelta. Y no sólo por efecto del vino (que también), sino porque uno siente la necesidad de contar muchas de las sorpresas que disfruté en este trocito de geografía. Cuna de vinos y lengua, La Rioja es mucho más. Orgullosas de sus tradiciones y costumbres, estas gentes ofrecen al viajero tantas sensaciones que no caben en una sola copa.

En este artículo os voy a contar algunas de las experiencias que tuve en los 3 días que pasé recorriendo varios de los rincones de Logroño y La Rioja. Las veremos sin ver, tal y como yo lo hice. Siguiendo algunas de las anotaciones que recogí en mi grabadora en las muchas visitas y actividades que realizamos. Llenad vuestras copas que comienza la sorprendente cata a ciegas. Dejaros llevar. Nos guían los mejores.

El educador en vinos, “Os voy a enseñar a beber y a comer”

Con estas palabras se presentó José Ramón, el educador en vinos, un enólogo capaz de enseñarte a disfrutar del vino y de los pinchos de la calle Laurel de Logroño a la vez que lo riega todo de risas. Compartimos con él un par de horas en las que tomamos 5 vinos con sus respectivos pinchos. Entre anécdotas y curiosidades, uno de los profes más divertidos que he tenido jamás nos hizo entender cómo se elabora un vino o por qué hay tanta diferencia entre un tinto joven y un reserva.

Con su ayuda, nariz y boca aprenden rápidamente. Te das cuenta de que la lengua percibe diferentes sabores con sus diferentes partes. Nos hizo taparnos la nariz y beber y comer. Coger aire de pronto y notar la explosión de sabor y aroma inundándolo todo. Entendí el significado de maridaje. “El buen maridaje es aquel que mezcla los sabores manteniéndolos, sin que uno tape al otro, realzando lo agradable de cada uno. Por ello el blanco va bien con el marisco, porque los dos permanecen en la boca alargando el placer de la uva y el mar.

A cada bar, la sensación cambiaba pero era igualmente deliciosa. Gracias a la memoria del móvil de Diana de Travel Experience, estas fueron las exquisiteces que maridamos:

  • Blanco joven con gambas cocidas.
  • Blanco verdejo con bocadillito de jamón y setas.
  • Rosado con boquerones fritos y salsa alioli.
  • Tinto crianza con migas y huevo de codorniz.
  • Cheesecake y blanco dulce.

A estas alturas, el grupo de 7 personas que participamos en la cata itinerante por la Laurel, dudamos en irnos al hotel o a un caraoque para seguir maridando risas. Optamos por el hotel ya que al día siguiente La Rioja nos esperaba.

Mi conclusión fue muy clara. Si engulles, el sabor huye. Así que se puede decir que en la mesa, me he vuelto muy educado. Calma y a saborear.

Tierra Rapaz, hablar con los búhos.

Sin duda una de las experiencias más inolvidables e inesperadas fue la de adentrarnos en Tierra Rapaz, un parque de aves rapaces situado en Calahorra y que dirigen con pasión los biólogos Luis Lezana y María Ríos. Luis es doctor en Biología, experto a nivel mundial en aves rapaces y lo más parecido a Félix Rodríguez de la Fuente que te puedas imaginar. De verbo fácil, no puede evitar transmitir la pasión que siente por estos seres de pico curvo y garras. El sentimiento con el que habla de sus aves te transporta a un documental en vivo.

Los espectáculos con aves diurnas y nocturnas son absolutamente alucinantes. Van mucho más allá de la mera cetrería. En la demostración Nómadas del Cielo, con un micro inalámbrico y envuelto en música épica, Luis demuestra que la ciencia puede ser tan apasionante como el vuelo vertiginoso  de águilas, milanos, buitres o alimoches, que pasan a pocos palmos sobre tu cabeza.

En el espectáculo “la gruta de los búhos” se obró el milagro. No, no es que consiguiera ver a búhos, lechuzas o mochuelos, sino que toqué a algunas de estas increíbles aves. Y lo cierto es que a mí no me gusta tocar los animales (algún defecto tenía que tener, jeje). Pero Luis consiguió que no pudiera resistirme con la magia que crea a lo largo de una hora. Luis y sus aves mantienen verdaderas conversaciones entre vuelo y vuelo, donde tan solo la ligera brisa que a ratos te roza la cara delata el planear de estos   silenciosos seres nocturnos. De verdad que Luis habla con ellos. Por si lo estás pensando te aclaro que ese día no hubo vino. Yo también flipé. Si no lo oigo, no lo creo.

Puedes también reservar una apasionante visita guiada por el recinto donde habitan las aves. En este recinto que reproduce buenas condiciones de habitabilidad para las aves, el equipo de Tierra Rapaz realiza las investigaciones científicas en las que se basan varias tesis doctorales y artículos académicos. Aprovecha para preguntarle a Luis por lo que quieras saber, con la excusa de cualquier detalle  te contará historias alucinantes en las que volar junto a estos nuevos amigos.

El museo Würht La Rioja, inesperada sorpresa de arte en movimiento

Cuando no tienes el sentido de la vista, el arte pictórico moderno, tan de impacto visual, parece que te va a dejar frío. De visita en uno de estos museos, tu lado más comodón se relaja y dice: “bueno, esto es para videntes, le pongo cara de interés a la guía y las neuronas a otra cosa”.  Pero resulta que aquella guía del Würth no se toma su trabajo como un mero trámite. Resulta que me detecta entre el grupo y me doy cuenta de que pone el ojo en mí:

-¿Querrás tocar algunas cosas? -Me pregunta.
-Sí, bueno…, digo con dificultad y  el lado comodón se pone rojo y se va para adentro. Sale el lado proactivo y rectifico:
-Sí, sí, por supuesto, aunque si el trazo de las pinturas no es grueso…
-No, no, -aclara ella-, aquí no sólo hay pinturas, pero yo te explico según vayamos pasando por las salas. OK?

Desaparece unos instantes y vuelve con más energía si cabe y unos guantes de látex. “Aquí vas a poder tocar obras originales –comenta-, y por eso te tienes que poner estos guantes”.

 

Personalmente tocar esculturas poco figurativas o trazos en relieve de pinturas y enguantado en látex no es lo que más me apasione… Pero de nuevo ella, nuestra guía,  le dio la vuelta con unas explicaciones maravillosas. Gracias a todo lo que iba diciendo entendí el movimiento visual que creaban muchas de las obras, el juego óptico de los colores que juntos vibran o de imágenes que cambian según el punto de vista del espectador.

La exposición “Todo es movimiento” estaba pensada para ser vista, pero la guía fue capaz de transmitírmela con palabras. ¿El secreto? La pasión y el conocimiento técnico que tenía, y muchas ganas de que todas las personas disfruten del Arte pictórico sin límites. Sin duda, cuando vuelva por Logroño haré una escapada al Würth para que me vuelvan a sorprender.

Y para acabar, dos brindis muy especiales:

Pensando en los días pasados en la Rioja y en Logroño,  me reitero en la absoluta importancia que tienen para las personas que no vemos las guías y los guías que nos enseñan un paisaje, un edificio, un museo o una ciudad.

La conclusión siempre es la misma, y los que me conocéis tal vez penséis que soy un plasta, pero de verdad que esto es clave. Todas las personas que me hacen disfrutar de verdad en una visita guiada siempre tienen un rasgo común: la pasión por describir y contar la historia de lo que tienen delante.

Por ello los dos brindis van por Urko y por Rebeca, dos guías muy especiales cada uno a su manera.

Urko, nuestro guía de Planearte, quien nos llevó en su furgoneta de aquí para allá nos fue describiendo  con maestría paisajes y tradiciones, costumbres y anécdotas del mundo de las bodegas. Inolvidable la descripción que desde el Balcón de La Rioja me hizo de toda la geografía riojana que teníamos ante nosotros gracias a los 575 m de altitud (según Siri).

Con su voz entre ronca y rasgada,  nos fue ubicando localidades y sierras usando la técnica de las horas del reloj. Logroño estaba  a las 9 al fondo.  También a las 9 pero más cerca, Laguardia. A las 3 La zona de La Rioja Alta con Haro. A las 12 al fondo, en la bruma pese a la tarde soleada estaba Nájera. Entre las 12, y las 2 las sierras de Cebollera, Cameros Y La Demanda. Mirábamos al Sur con el Ebro allí abajo serpenteando de derecha a izquierda, de Oeste a Este. Las moscas, atentas,  lo escuchaban todo (se oyen hasta en la grabadora).

Y por último, este trocito de recuerdo va para  Rebeca, la guía turística que deleita al visitante de Logroño desde su silla de ruedas. Con ella pasamos una deliciosa tarde con chaparrón incluido. Tras hacer tiempo a que escampara  escuchando sus historias removiendo siglos, personajes ilustres y un par de cafés, salimos a la parte vieja de la ciudad. Ella  hablando, nosotros escuchándola con una obsesión: conocer el tablero del Juego de la Oca que hay en la plaza Santiago.

Tras descubrir la parte antigua y tocar los enormes dados de piedra de la Plaza Santiago, nos despedimos de Rebeca. Se fue como vino, rodando y demostrando que las personas con discapacidad podemos ser magníficos profesionales también en el sector turístico, algo que con demasiada frecuencia se olvida y sólo se piensa en nosotros como clientes, y no siempre.

Escrito por Luis Casado. Puedes seguir sus pasos en TWITTER

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